Instalar un ascensor o cómo abrir un espacio para el bienestar emocional y la convivencia

La instalación de un ascensor en un edificio residencial responde a una necesidad funcional: facilitar el acceso a las viviendas a las personas mayores y con movilidad reducida. Eso les otorga independencia, lo que mejora su calidad de vida, pero, además, les permite participar activamente en la vida comunitaria. Así, cuando un ascensor irrumpe en un inmueble, cumple una doble finalidad: integración social y cohesión comunitaria.
Dotar de ascensor a un edificio residencial es una forma de dignificarlo, que es uno de los objetivos del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, lanzado por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Pero también de dignificar a todas y cada una de las personas que lo habitan. De hacerlas más visibles.
Un ascensor es el ejemplo perfecto de cómo la eliminación de barreras arquitectónicas facilita el encuentro. Compartir viajes al llegar o salir de casa con otros vecinos parece algo banal, como lo son esas conversaciones tan típicas de ascensor sobre la climatología. Sin embargo, esas interacciones rutinarias, casuales y breves tienen un impacto positivo en el bienestar emocional: la persona se siente reconocida e integrada, algo clave, sobre todo, en el caso de personas que viven solas, ya que disminuye la sensación de aislamiento.
Al compartir espacios, se genera también un mayor sentimiento de pertenencia, de que realmente existe una comunidad en el edificio, más allá de lo que digan los papeles de propiedad de las viviendas. Es más fácil que exista una vida comunitaria si todos los vecinos, independientemente de sus condiciones, puedes acceder a las distintas zonas del edificio. Se consigue una interacción más fluida y una convivencia más beneficiosa para todas las partes y eficiente para el conjunto de la comunidad.
Un ascensor es solo el principio
Un ascensor no es la única solución de accesibilidad para conseguir un edificio respetuoso y comprometido con quienes lo habitan. Desde suprimir peldaños en la puerta de acceso al portal hasta una anchura adecuada de las puertas (80 cm, como mínimo), pasando por la instalación de pasamanos en las escaleras (si es a los dos lados, mejor) y por una altura correcta de buzones, interruptores de la luz y timbres, botones de ascensores, porteros automáticos… ¡Todo suma! El resultado: decisiones que cambian vidas.
Si en tu comunidad de vecinos ya habéis tomado la vuestra, contáis con CROLEC para la instalación de vuestro ascensor y para abordar todas aquellas actuaciones que hagan que vuestro edificio sea 100% accesible y vuestra comunidad, más inclusiva y conectada. ¡Contacta ya con nuestro equipo, sin compromiso!

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